sábado, 31 de octubre de 2009

Constelaciones Familiares y Lealtades Invisibles

Lealtades Invisibles y Constelaciones Familiares

Lealtad dentro del enfoque de la terapia sistémica se entiende como un sentimiento de unidad y compromiso que agrupa, principalmente, necesidades, expectativas, exigencias y límites de un sistema, familia, organización, empresa o comunidad, así como los pensamientos, sentimientos y motivaciones de cada uno de sus integrantes.

El concepto de Lealtades Invisibles es un tema esencial en la obra de Boszormeny-Nagy. Su aporte principal es que los trastornos de los individuos y las familias son la manifestación y consecuencia de un desequilibrio entre el dar y el tomar, de ahí, el objetivo de equilibrar el “registro de méritos”.

Un “registro de méritos” es un sistema contable que se desarrolla, la mayoría de las veces, de manera no consciente o encubierta en las familias. Sobre la base de estas cuentas se negocia un balance justo entre los “débitos” y los “créditos” individuales a través de las generaciones. (Este concepto se amplía posteriormente en la práctica psicoterapéutica de Constelaciones Familiares con el nombre de “conciencia familiar”).

Este concepto fue acuñado por Boszormenyi-Nagy con la intención de expresar de manera metafórica, la importancia, la necesidad y el deseo humano de justicia. Sin importar cuando ocurrió una injusticia, casi siempre en algún momento futuro habrá un paso destinado a la compensación, aunque no, necesariamente, por el deudor original. Por otro lado, si un miembro de la familia sacrifica intereses y posibilidades personales por otro o por el bien de la familia, se siente con derecho a ser retribuido por ese sacrificio y esperará que se le reconozca. Si esa deuda no es pagada por la generación favorecida a menudo se requiere que la que sigue “liquide la deuda”.

Según Boszormenyi-Nagy, los problemas surgen cuando esta justicia tarda demasiado en llegar o es insuficiente y entonces ocurre lo que él llama la “cadena de las retribuciones desplazadas”. Un síntoma puede ser la señal de que hay una excesiva acumulación de injusticias. Es de relevancia y utilidad que cada persona conozca un poco o mucho su historia familiar (genograma: organigrama familiar)

Una de las alternativas mas recientes para el trabajo con este tema es el propuesto por Bert Hellinger el cual conjuga de una manera práctica la teoría de lealtades invisibles de Nagy con el trabajo realizado por Ruth McClendon, Les Kadis y Thea Schönfelder y las primeras experiencias de constelaciones familiares, así como con otras corrientes psicológicas, entre ellas psicoanálisis, Gestalt, dinámica de grupos, terapia familiar, así como grito primario, programación neurolingüística e hipnosis Ericksoniana; para dar origen a las Constelaciones Familiares como las conocemos hoy en día.

La teoría de las Lealtades Invisibles y su aproximación a través de las Constelaciones Familiares ponen en evidencia la conexión profunda que cada persona tiene con su familia, no sólo la actual, sino con varias generaciones atrás, así como con quienes han sido afectivamente significativos en su vida. Surgen de una manera clara y amorosa todas aquellas “cadenas de retribuciones desplazadas”. El sistema se vincula entre sí con amor y lealtad. Lo que una generación deja sin resolver, será la siguiente la que, inocente e inconscientemente, trate de resolverlo; así queda atrapada en temas o asuntos que no son en realidad su responsabilidad. Existe una transmisión transgeneracional de los problemas familiares que crean una cadena de destinos difíciles o trágicos.

Los asuntos no resueltos de los sistemas familiares en generaciones anteriores y las injusticias cometidas dentro y fuera del sistema familiar pueden, inconscientemente, afectar la vida de las familias manifestándose en alguno o varios miembros del sistema, enfermedades inexplicables, depresiones, suicidios, relaciones conflictivas, trastornos físicos y psíquicos, dificultad para encontrar pareja, para prosperar, comportamientos conflictivos, etcétera.

No obstante, el mismo amor que enfermó, cuando se vuelve consciente, es el que posee la fuerza y sabiduría de la solución; las lealtades invisibles emergen durante la configuración de las Constelaciones Familiares. Se busca en el sistema a las personas excluidas, las olvidadas, las difamadas, las no honradas, las tratadas con injusticia, las que se fueron para ceder su espacio a otras y las que sufrieron vidas particularmente difíciles.

¿Hasta dónde pueden llegar esas lealtades invisibles y de dónde parten?

Es una incógnita que con frecuencia se aclara en la búsqueda de soluciones a través del trabajo en la terapia con este enfoque multi-generacional, con el genograma y con las Constelaciones Familiares tal cual.

A través de este enfoque fenomenológico, se descubre que al configurar la constelación familiar los participantes que sirven como representantes de miembros de una familia expresan los sentimientos y sensaciones que reflejan auténticamente aquellos a quienes representan (aun sin conocerlos). Se exponen así las profundas fuerzas que actúan en los sistemas humanos, así como el camino hacia las soluciones que parecían complicadas o incluso inimaginables.

Todos formamos parte de un sistema que es una familia, pero cada familia es parte de otro sistema mayor cuyos elementos determinan su estabilidad en el marco de una co-evolución recíproca. Toda unidad puede verse como un sistema y, esto da como resultado una jerarquía entre los mismos, no estamos aislados; nuestros actos como individuos, familia o estado repercuten en terceros. Por eso todos somos, de alguna manera, responsables de todos (comUNidad).

Pero, ¿cómo es esto posible?

La conciencia

Todos estamos unidos a nuestras familias a través de una “conciencia” que va más allá del concepto tradicional. Tenemos una “buena conciencia” cuando estamos seguros de que vamos a ser aceptados por nuestra familia, y “mala conciencia”, cuando afrontamos que perdimos la conexión con ella. En esa misma medida la conciencia buena nos separa de otras familias, pero nos vincula fuertemente con el pequeño grupo, dividiendo a los grupos entre ellos. Sin embargo, cada pequeño grupo, representado por una familia, no deja de ser una pequeña célula de una gran conciencia en donde se encuentran involucrados todas las demás células o grupos. Según Hellinger, cada familia tiene su propia «alma» la que de manera inexplicable sabe exactamente qué sucede en su sistema y cada familia forma parte, a su vez, de la «gran alma», toda una sociedad.

La conciencia de un sistema familiar vela por las condiciones importantes para nuestras relaciones, es decir, por el orden, por el equilibrio entre tomar y dar y por la pertenencia o vinculación. Tan sólo puede lograrse una relación si estas tres condiciones se cumplen a la vez. No hay pertenencia sin equilibrio y orden. No hay equilibrio sin pertenencia y orden, y no hay orden sin pertenencia y equilibrio. Estas condiciones se experimentan en la familia como necesidades elementales. La conciencia está al servicio de las tres, y cada una de estas tres necesidades se impone por una sensación particular de culpa e inocencia. Por lo tanto, nuestra experiencia de culpa difiere, dependiendo de si la culpa tiene relación con la pertenencia, al equilibrio o al orden, y por la misma razón sentimos la culpa y la inocencia de maneras diferentes, según la meta y la necesidad a las que sirven.

La conciencia y la pertenencia

En este campo la conciencia reacciona a todo cuanto beneficie o ponga en peligro la relación. Por lo tanto tenemos la conciencia tranquila si nos comportamos de manera que podamos estar seguros de tener aún el derecho de formar parte del grupo, y tenemos mala conciencia si nos hemos desviado de las condiciones del grupo, hasta el punto de tener que temer la pérdida total o parcial del derecho a la pertenencia. Es decir, en este caso la culpa se siente como miedo de sufrir una pérdida, expulsión y/o como lejanía, mientras que la inocencia se vive como cobijo y cercanía. Quizás, este sea el sentimiento más bello y más profundo que conocemos: tener el derecho de formar parte a un nivel elemental de vivencia.

Sólo el que experimenta la seguridad de la inocencia como derecho de formar parte, conoce también el miedo ante una expulsión o pérdida. El cobijo únicamente puede ser vivido con miedo. Cuanto mejor sean unos padres, tanto mayor será el miedo de perderlos.

Cobijo y cercanía, éste es el gran sueño que perseguimos con muchos de nuestros actos. El sueño, sin embargo, es irrealizable ya que la pertenencia siempre peligra. Algunos dicen que hay que darles mucho cuidado a los hijos. Por ende cuanto más cuidado se les da tanto más miedo tienen ante la pérdida del mismo, pues el cuidado no puede experimentarse sin el miedo a lo contrario. Por lo tanto, hay que volver a ganar la pertenencia una y otra vez, nunca es una propiedad segura. Análogamente la inocencia se experimenta como el derecho de aún formar parte, sin saber cuanto dura. Esta inseguridad forma parte de la vida. También llama la atención que los hijos dependan más de sus padres que éstos de los primeros. Dado que el vínculo del hijo a los padres es más fuerte que el vínculo de los padres a los hijos, éstos además están dispuestos con más facilidad a sacrificarse por ellos.

La conciencia nos ata de manera también más fuerte si en un grupo nos encontramos más abajo y nos vemos expuestos a él. Éste es el caso de los niños. Por amor, un niño está dispuesto a entregarlo todo, incluso hasta su propia vida y la felicidad si de esta manera, desde su pensamiento mágico, cree que les va mejor a los padres y a la red familiar. Éstos son los hijos que están en la brecha por sus padres o antepasados, realizan lo que no tenían pensado, expían lo que no hicieron (ejemplo: entrando a un convento, enfermándose, quedándose solos, etc.), llevan aquello de lo que no tienen la responsabilidad o en lugar de sus padres toman venganza.

El método de las Constelaciones Familiares ayuda a cerrar con amor los pendientes familiares, dejando a cada persona con su propia responsabilidad y su lugar de dignidad en la familia y en la vida. De esta manera se restablece el «orden del amor» y se rompe la cadena de los destinos trágicos.

Beneficios:

  1. Excelente método de diagnóstico, previo a un proceso psicoterapéutico.
  2. Incremento en la capacidad para diferenciar lo que es del pasado y lo que es del presente.
  3. Paz y libertad al reconocer la realidad tal y como es.
  4. Dejar a cada persona con su destino y dignidad.
  5. Vivir el presente con plenitud creando un futuro promisorio para los hijos.
  6. Libertad y responsabilidad sobre nuestros sentimientos, pensamientos, decisiones y acciones.
  7. Se encuentra la buena solución.
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